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Para leer antes de dormir: Retorno a la nieve de Robert Walser

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Por Carlos Dominguez Lloret,

Bernhard Echte escribe: “Nada en Retorno a la nieve se ha arrugado, empolvado o aparece usado por el tiempo.” La inocencia y la infinita curiosidad del paseante serán siempre contemporáneas. La historia, delante de esa inocencia y de esa curiosidad queda siempre relegada a un plano inferior. La danza del paseante se opone en sus armoniosas maneras a la violencia de la historia.

Todas las formas en las que se objetiva la experiencia humana le dan forma a la realidad del Espíritu y constituyen la vida misma del Absoluto. Entre los medios en donde se objetiva nuestra experiencia, el esencial es esa frontera que llamamos piel. Esa frontera móvil que llevamos con nosotros de un lado a otro es capaz de objetivar y de objetivarse a si misma. De esta manera la piel es el puente colgante entre lo interior y lo exterior. Por debajo de ese puente fluye el río de nuestra conciencia. La piel forma parte de la estructura misma del Absoluto y sin ella no es posible vislumbrarlo. Necesaria para que nuestro “Yo” no caiga en el río que pasa furioso bajo ella. Todo tiene piel, incluso los sueños y las ideas. Sin embargo, la piel de los sueños y de las ideas es liquida, por consiguiente, es fácil ahogarse en este tipo de piel si el “Yo” llegara a resbalar de su puente, de su piel. En otras palabras, la relación que tenemos a la liquidez de esa piel la hace especulativa y virtual. La especulación de un mundo entrevisto, en la liquidez de nuestros sueños, nos lleva a la discusion de las esencias para descubrir la verdad o el sentido de ese absoluto maleable. Sin embargo, la virtualidad de un mundo entrevisto, de un mundo que se nos pierde con el paso, no entra dentro de los parámetros de una posible mayeutica. Ese mundo respira a la sombra de lo virtual y el discurso que pudiera objetivarlo es imposible, a pesar de que el objeto del discurso estuvo presente en cuanto a forma constituyente del Absoluto. El discurso de lo virtual es ahogado por la corriente de nuestra conciencia. Sin embargo, todo eso que no es percibido queda replegado a la triste sombra de las posibilidades que poblaban el presente, pero que ahora han sido desterradas del mismo, sin haber sido jamas tomadas en cuenta y sin haber contado con la chispa de una mirada que las sacara de su estado virtual y que las hiciera realmente presentes. En este caso, es como si el paseante ya no paseara por la calleja, sino que la calleja se pasea por el paseante. La calleja se pasea por el paseante ya que el paseante es el centro de acción en el momento presente y al no ser capaz de percibir la vida misma del absoluto a través de sus limitados sentidos, pues sera el absoluto el que lo percibirá a él. Cuando el paseante se da cuenta de que es percibido por ese Absoluto y que la realidad de su espíritu constituye su vida misma (la de ese Absoluto), es cuando nos podemos preguntar, en donde se encuentra la esencia de ese mundo virtual? como llegamos a ella y de esa forma a emparentarnos con el Absoluto? Eso es lo que el paseante trata de descubrir en sus rondas y precisamente ese es su drama.

En Retorno a la nieve, Walser cuenta con veinticinco pequeñas prosas que él compara “à de petites danseuses qui dansent jusqu’à ce qu’elles soient totalement usées et s’écroulent de fatigue “. Asi como el paseante danza hasta caer muerto de fatiga un dia de Navidad, pues también danza su prosa. Entre su vida y obra hay este paralelismo festivo y ritmico. Cada prosa trata de ser la cronica de un instante y cada instante es la suma de otros mas pequeños que son llevados por el escritor como notas musicales de una tonada en apariencia superficial, pero que con lucida mirada le da luz a la oscura morada de lo virtual. Asi Walser le da profundidad a las cosas que se esconden en la superficie del mundo y de los sueños.

Entre las prosas que mas me gustan figuran particularmente: El Tranvia en donde el escritor explica como “… en el tranvia, el cerebro humano se pone sin quererlo a componer canciones, canciones de una espontaneidad y de un ritmo tan elaborados que podríamos estar tentados a tomarnos de repente por Mozart.” Otra prosa maravillosa es El alba en donde en una pagina y media describe como en sueño ve a una mujer joven de belleza rayonnante que lo impulsa immediatamente a salir a la calle lleno de esperanza. En Paseo por la noche el poeta cuenta como “Cada noche es una hechicera, ella hace del mundo un sueño, ella lleva dulcemente a los hombres, como si los tomara por la mano, a los países celestes del sueño en donde la sabiduría cuenta menos que la intuición, la claridad de la inteligencia menos que los sentimientos obscuros.” Para culminar, en la prosa titulada Retorno a la nieve, Walser nos describe como en una caminata bajo una tormenta hivernal “… llevaba la nieve como abrigo y esta me envolvia en un maravilloso calor.” El escritor describe como bajo esta sensación sabia que no había nada por encima de él, con gran confianza en el porvenir y escuchando resonar de alguna parte un aire de su país, bajo los copos densos y calientes, el poeta se entrega a la promesa de volver a escuchar la lengua de sus padres, de sus hermanos, de sus hermanas y de volver a callejear sobre el suelo amado de su patria.

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